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Final de la primavera, la aldea se prepara para recibir a los miles de peregrinos que llegan desde los más remotos puntos. Unos con auténtica devoción mariana, otros con curiosidad, otros buscando la fiesta… la polémica está servida.

Hacer el recorrido con alguna hermandad es quizás de los aspectos más gratificantes de la fiesta: la alegría compartida, el paso por entornos naturales de gran belleza, la emoción de la llegada. Todo para culminar en el primer lunes de Pentecostés, que marca el gran día para los rocieros. Luego, el cansancio de la vuelta, amortiguado por los recuerdos de los días vividos.

Hay que resaltar sin embargo, que El Rocío es mucho más que eso. Es una ventana abierta durante todo el año a paisajes únicos, de gran riqueza natural y etnográfica.

La aldea conserva las calles de arena, sin asfaltar, lo que envuelve el paisaje de un polvo dorado que convierte al lugar en un rincón mágico. La impactante luminosidad de la marisma se refleja en las paredes blancas de las casas y, especialmente, del santuario de la Virgen, imponente, al pie de la Madre. El contraste entre tanta blancura y el verde de pinos y acebuches, permite realizar fotos de gran belleza.

Entre estos acebuches podemos encontrar a “El abuelo”

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Los Acebuches del Rocío forman un conjunto de ejemplares de acebuche situados en pleno corazón de la aldea , en la entrada al Parque Nacional de Doñana.

Son una serie de ejemplares centenarios que se encuentran rodeados de vallas de madera para preservar su integridad y circundados por caminos de la arena que forman la totalidad de las calles de la aldea.

Entre ellos está el denominado el Abuelo, el más viejo de los acebuches, de enorme porte y tronco de más de metro y medio de diámetro, cargado de nudos y cicatrices por el paso de los años. Está junto a uno de los más conocidos restaurantes de El Rocío y desde todo el conjunto (Plaza de los Acebuches) se divida la basílica de la Virgen y el humedal de La Rocina.

Se accede desde el paseo central de la aldea en dirección hacia el interior del núcleo de población.

Son una muestra clara de lo que era el ecosistema de humedal, dunas y cotos que formaba esa zona del Parque Nacional de Doñana.

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Otro de los mejores sitios para fotografiar lo ofrece un pequeño camino de tierra que, bordeando la Madre, corre paralelo a la carretera que lleva a las playas. Desde allí, se tiene una perspectiva espectacular de la Ermita, la Aldea y la marisma, con sus recuas de caballos en semi-libertad. La puesta de sol, con su cambiante color, llega a dar la foto perfecta en este lugar.

PARA LOS AMANTES DE LA NATURALEZA

El Parque Nacional de Doñana, un entorno único donde los haya, tiene su principal puerta de entrada en la misma aldea. Dada la fragilidad de su ecosistema, no pueden realizarse visitas por libre, sino que deben ser siempre concertadas, reuniendo pequeños grupos que recorren el parque en autobuses especialmente preparados. Se llega así a los lugares más emblemáticos, desde donde os visitantes puedan realizar pequeños recorridos a pie.

! Se ofrecen igualmente, agradables visitas por el entorno a caballo, en 4×4 e incluso en camello.

Multitud de recorridos llevan desde El Rocío hasta entornos naturales, típicamente marismeños, que no tienen nada que envidiar a los del propio Parque Nacional. Entre ellos se puede resaltar, por la facilidad de su acceso, el recorrido del Palacio del Acebrón, con senderos de madera bien señalizados, aptos para todas las edades, y pequeñas cabañas para avistamiento de aves en las pequeñas lagunas que se forman en este lugar. El propio Palacio ofrece a los visitantes un interesante museo de carácter etnográfico sobre la vida en la Marisma, además de unas magníficas vistas desde su terraza superior del pinar de Doñana.

Otro recorrido fácil y curioso es el que encontramos en el Parque Dunar. Su acceso se realiza desde la misma entrada de la playa de Matalascañas. El itinerario lleva por un hermoso pinar hasta el curioso Museo del Mundo Marino centrado en la temática de las formaciones dunares, el mar y la zoología marina. Resulta impactante ver el montaje con los esqueletos de diversas especies marinas (ballenas, delfines…) algunos de enorme tamaño. Se sigue luego, subiendo una pequeña rampa hasta alcanzar el mar, que se observa desde arriba del acantilado de roca arenisca que ha formado el paso del tiempo.

Cómo podemos comprobar la variada oferta de ocio para el tiempo libre convierten a la aldea en un lugar ideal para el descanso.