Este es el mensaje de nuestro Director Espiritual por la Solemnidad de Pentecostés

Culminamos el tiempo de la Pascua. Hoy se nos vienen a la mente muchos recuerdos y experiencias, sobre todo a los rocieros, quienes no pueden explicarse a esta hora no estar congregados en aquella aldea bajo las plantas de la Blanca Paloma. Pero sí se comprende que haya Pentecostés.

No ha habido camino, ni días de convivencia o encuentros, pero sí hay Pentecostés.

Este año toca dar testimonio de nuestro ser cristiano cada uno en su hogar, en su hermandad, en su pueblo natal; porque para el Espíritu no hay fronteras. El Espíritu Santo no lo podemos encerrar, y abarca todo el orbe de la tierra. Por eso hemos de vivir con la misma intensidad la fiesta del Espíritu, porque Ella, la Blanca Paloma, la Madre de Dios, está en medio de todo el mundo.

En este día hemos de exponer a todos con nuestras obras quién es el Espíritu Santo, es decir, las maravillas que Dios realiza en ti y en cada cristiano. El Espíritu Santo es el que da fuerza, da vigor y alimenta los corazones de los fieles.

El Espíritu Santo es el que, aun en medio de la tristeza, hace que sepamos alabar a Dios y dirigirnos a Ella.

Es verdad que el Espíritu Santo no se manifiesta de forma extravagante, sino que es el que sabe hacer las cosas de forma discreta, silenciosa, sencilla. El Espíritu Santo está actuando ahora mismo en aquel pueblo de Almonte en silencio, dirigiendo su mirada a cada ser cristiano y a cada rociero que tiene su alma junto a la Divina Pastora.

A veces sentimos el corazón cerrado, embargado en la tristeza, en el desánimo,… Y así no estamos dejando que el Espíritu Santo obre en nosotros, viviendo una vida desconectados de los demás.

Hoy, en este Pentecostés, también tenemos que vivir conectados con toda la cristiandad. Cuando no dejamos que el Espíritu obre en nosotros, no sentimos compasión por los demás.

Y en este año debemos estar abiertos al Espíritu para tener compasión de todo el que está sufriendo las consecuencias de la pandemia.

Hemos de vivir nuestra vida siempre, con dificultades y sin ellas, abiertos al Espíritu, sin entender, sin saber, sin comprender por qué este Pentecostés es así. Pero debemos guiarnos por Ella, la única que puede echar sobre tu corazón esas gotas de Rocío para abrirlo y entrar hasta el fondo.

El Espíritu Santo es el único capaz de despertar aquello endormecido en nuestra vida, capaz de poner en movimiento aquello que está bloqueado… Pidámosle, pues, al Espíritu Santo que derrame en cada uno de nosotros sus siete dones: sabiduría, entendimiento, ciencia, consejo, fortaleza, piedad y temor de Dios.

Así, guiados por el Espíritu Santo, nunca nos equivocaremos con nuestras acciones en vida.

Feliz Pentecostés a todos.

Fdo.: Fray Jesús Mª Tena González, párroco y Director Espiritual de la Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío de Espartinas.