Parte del legado de los marqueses de Saltillo comienza a formar parte del patrimonio de nuestra Hermandad

En la tarde del pasado 26 de noviembre, nuestra Hermandad le rindió homenaje a NHDña. María Josefa Sánchez-Dalp y Leguina en el cumplimiento del primer aniversario de su muerte. Doña Pepita, como le gustaba que la llamáramos, era esposa de NHD. José Lasso de la Vega y Marañón, marqués de Saltillo. Ambos fueron dos de las figuras fundamentales para la Imperial, Real, Muy Ilustre y Franciscana Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Espartinas en sus primeros años de trayectoria, cuando aún no poseía todos estos títulos con los que hoy cuenta.

El matrimonio peregrinó hasta la aldea de El Rocío unido a los devotos de Espartinas, propiciando los caminos más esplendorosos de nuestra Hermandad allá por la década de los años cincuenta. Todo ello lo narró durante la Eucaristía su sobrino, D. Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp, sacerdote que ofició la Misa in memoriam. «Todas las personas que vienen al pueblo buscan sus plazas, rincones, iglesias o imágenes para encontrar la historia del pueblo. Pero la historia también se cuenta a través de las personas que han pasado por él, y ahí es donde tenéis que hablarle de tía Pepita«, decía.

Él junto a tres de sus primos fueron testigos de la Eucaristía en la que aprovecharon para donar, en nombre de su familia y, especialmente, en el de los marqueses de Saltillo, varios objetos de valor estrechamente vinculados a la Hermandad. «Los traemos con el deseo que los guardéis y les expliquéis a las generaciones futuras quién era esta pareja. Para muchos serán dos personajes para la historia, pero para otros, además, serán dos personajes y personas. Con solo deciros que ellos cuando hablaban de El Rocío, hablaban de Espartinas, lo digo todo», explicaba el sacerdote.

Entre estos objetos se encuentran sus dos medallas. La del cordón verde, datada de 1959, perteneció a D. José; mientras que la del cordón dorado, de 1957, fue parte de Dña. Josefa. Su sobrino narraba que «tienen muchos caminos, muchos besos, mucha tristeza… De hecho, la de mi tía estaba en el cabecero de la cama, por lo que fue era la Virgen del Rocío quien estuvo velando sus sueños».

También hay una miniatura en plata, obra del orfebre Marmolejo, de la Carreta del Simpecado en mitad del camino. Estaba en una urna de cristal en la casa de la marquesa de Saltillo, y contó D. Ignacio que el rincón en el que se encontraba era uno de los favoritos de su tía. «Pocas carretas rocieras tienen tanta majestuosidad, elegancia y arte como la que encargó tío Pepe para Espartinas», afirmaba.

Finalmente, también hicieron la entrega de un amplio conjunto de fotografías antiguas de la Hermandad que poseía la familia, así como de un cuadro de 1955 en recuerdo a D. José Lasso de la Vega por su periodo como Hermano Mayor de la corporación.

Desde la Junta de Gobierno de la Hermandad del Rocío de Espartinas le mostramos nuestro más sincero agradecimiento a toda la familia de los marqueses de Saltillo, quienes hoy no solo han seguido contribuyendo al enriquecimiento del patrimonio artístico, histórico, documental y cultural de nuestra corporación como ya lo hicieron sus tíos; sino que también, los han acercado más que nunca a nuestro Simpecado, gracias a la medalla que comenzará a portar a partir de este momento.

Sirvan estas líneas, el proceso de archivo que próximamente iniciaremos y todos los objetos físicos, para que siempre conozcan las generaciones futuras de hermanos cómo comenzó la andadura la vigésimo quinta filial rociera.